El rostro de piedra está elaborado en arenisca. Presenta unos ojos ligeramente almendrados y con orificio central a modo de iris. La nariz, barbilla y pómulos se hallan poco marcados; son suaves. La boca está entreabierta.
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domingo, 3 de julio de 2011
Rostros de piedra (II). El Señor de Torrelisa.
El rostro de piedra está elaborado en arenisca. Presenta unos ojos ligeramente almendrados y con orificio central a modo de iris. La nariz, barbilla y pómulos se hallan poco marcados; son suaves. La boca está entreabierta.
lunes, 15 de marzo de 2010
Rostros de piedra existentes en Sobrarbe (I). El Señor de Bárcabo
Hoy da comienzo una nueva sección. En este caso no se trata de fósiles; estamos ante la talla de piedra por parte de los humanos. Dentro de muchos milenios estas piedras serán consideradas huellas de actividad humana y, por tanto, “icnofósiles” humanos.
Sé de la existencia de este rostro gracias a Domingo Lalueza, de casa Salamero de Bárcabo, que amablemente me la presentó y explicó. Las fotos de arriba hacen referencia al rostro del “Señor de Bárcabo” (este nombre es invención de un servidor). Dicho rostro está adornando una espectacular balsa de agua realizada con piedras de sillar.
Parece ser que, hace muchos años, las piedras del castillo de Bárcabo fueron repartidas entre varios vecinos. Una porción de las mismas sirvió para construir la mencionada balsa.
El rostro en cuestión está elaborado en arenisca. Presenta unos ojos ligeramente almendrados, párpados abultados, pómulos marcados, nariz rota, boca entreabierta y surcos en la barbilla que aludirían a una barba. La nariz está rota porque un criado, ya hace años, la rompió; el pobre rostro pagó el enfado.
Sé de la existencia de este rostro gracias a Domingo Lalueza, de casa Salamero de Bárcabo, que amablemente me la presentó y explicó. Las fotos de arriba hacen referencia al rostro del “Señor de Bárcabo” (este nombre es invención de un servidor). Dicho rostro está adornando una espectacular balsa de agua realizada con piedras de sillar.
Parece ser que, hace muchos años, las piedras del castillo de Bárcabo fueron repartidas entre varios vecinos. Una porción de las mismas sirvió para construir la mencionada balsa.
El rostro en cuestión está elaborado en arenisca. Presenta unos ojos ligeramente almendrados, párpados abultados, pómulos marcados, nariz rota, boca entreabierta y surcos en la barbilla que aludirían a una barba. La nariz está rota porque un criado, ya hace años, la rompió; el pobre rostro pagó el enfado.
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